VEO UN TAMAULIPAS TRISTE
- 25 oct 2016
- 3 Min. de lectura

Veo un Tamaulipas triste
Ya hace años que observo un Tamaulipas triste. La gente ya no ve a los ojos, y sus rostros reflejan una preocupacion extraña.
Cuando cae el sol las calles lucen abandonadas, oscuras, y se percibe un temor que yace escondido en la negra noche.
La gente tiene incertidumbre si va a lograr sacar adelante a su familia otro dia mas.
Abundan los vehiculos viejos y destartalados, y ahora hay mas familias enteras que deciden arriesgarlo todo y viajar en motocicleta.
Ya nadie se sienta en el exterior de sus hogares para agarrar el fresco por las noches, y estar cerca del bullicio nocturno que abundaba en las ciudades Tamaulipecas al meterse el sol.
Por la noche el olor a tacos, las risas de niños jugando, y gente adulta en las colonias conversando es cosa del pasado, los viajes express de madrugada a Tampico, a Llera, a la playa de Matamoros, o a Reynosa quedaron solo en anecdotas que la gente hoy pensaria como locura, pues seria inimaginable transitar de madrugada las carreteras Tamaulipecas, por no decir que seria una mision suicida.
Al entrar a los hospitales ves a la gente que esta sufriendo, lo ves en sus ojos, que la mayoria no tienen dinero para las medicinas que van a recetar a sus familiares, observas que muchos vienen de lejos y que llevan varias noches durmiendo alli, muchos de ellos tienen hambre pues no traen siquiera dinero para comer.
Observo a ese maestro que a las 6:30 de la mañana aborda su Tsuru 97 y emprende viaje hacia su centro de trabajo en algun ejido. Las llantas de su carro lisas, y con uno que otro alambre de fuera de puro milagro es que siguen transportando a salvo al profesor. Espera ansioso a cobrar su quincena de $3700 pesos, misma que solo le dura 3 dias, y el resto de ella ni el sabe como le hace.
Se de esa doctora que se rompio la cabeza estudiando dia y noche por varios años, y ahora trabaja con contrato en algun hospital, recibiendo un sueldo menor que la secretaria que masca chicle, y recibe llamadas desde su silla.
Ese señor con las manos partidas y de aspecto cobrizo, que trabaja con metal y soldadora, esperando llegue un cliente en busca de sus servicios. Llego el recibo de la luz, y su hijo necesita zapatos nuevos para la escuela. Solo le pide a sus manos que aguanten otra partida mas, que se mantengan duras y asperas para soportar el calor otro dia.
El taquero que a las 7pm ya esta instalado, con su cuchillo haciendo "chop chop" en la tabla de mesquite, con la hornilla a tope y las cebollas friendo. Pidiendo a dios que haya venta para llevar un poco de dinero a casa, y llegar seguro a ella.
Aquel periodista de la nota roja, que espera que la gente comprenda que es solo su trabajo, y pide que no lo lastimen. Mismo al que le dan migajas cada quincena, por parte del periodico.
El licenciado que trabaja de microbusero pues nunca le abrieron las puertas para desempeñar su profesion, trabaja de sol a sol para pagar la carrera de su hijo, quien probablemente termine de chofer pues no son gente influyente. Sin embargo su padre tiene fe que si hijo correra con mejor suerte.
El buen musico de la plaza del 8, vestido de mariachi, cargando guitarra y tololoche, esperando con ansias que alguien quiera llevar serenata a su amada. Cada vez es menos frecuente y a veces pasan noches enteras sin conseguir cliente. Noche a noche el sale con fe, sin tener nadie que le asegure, el espera que tal vez hoy sea su noche, que un enamorado quiera demostrar su amor con una cancion.
Extraño sentarme a la orilla del rio guayalejo en Llera y ver el agua correr, cristalina, libre.
Extraño aquellos dias de "rol" en la calle 13 de la ciudad capital.
Las tortas de la barda a las 5 de la mañana para ver salir el sol en la playa miramar, escuchando las olas del mar.
Sentarse de madrugada en la plaza del Mante para conversar con la gente por la noche, y comer unos de esos tacos picantes de aquel señor tan famoso del triciclo.
Los malos gobiernos han destruido, mutilado, y saqueado a Tamaulipas, pero no han podido llevarse todo. Aun tenemos fé, aun tenemos valor, y aun tenemos voluntad de cambiar las cosas para bien.
Autor de nada










































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