EL NIÑO CON UN ZAPATO Y UN PIE DESCALZO
- 19 feb 2017
- 2 Min. de lectura

Me llamo la atención ver aquel niño con un solo zapato, trepado en el juego de llantas coloridas que esta en lo que es ahora la plaza del estudiante. ¿Porque aferrarse a ese ultimo zapato que le quedaba? Con una sonrisa y su cabello polvoriento, pero largo y chino, de un color café cenizo, tirandole a dorado cuando se reflejaba con los rayos del sol, jugaba aquel niño entre las llantas, parecía que no se daba cuenta del hecho que le faltaba un zapato.
Tal vez no le faltaba uno, mas bien, tenia un zapato. Es mejor alegrarse por el hecho de tener un zapato, a estar triste por que te falte uno, por lo menos es una manera mas positiva de ver las cosas. Creo que asi lo sentía el niño, a pesar de lucir un poco desbalanceado por esos cuantos centímetros de altura extra que le daba el zapato a la parte izquierda de su cuerpo. Su otro pie lucia empolvado, áspero, protegido por varias capas de piel que le ayudaban a que las piedras o el calor de las superficies no lo lastimaran.
Me hizo pensar que a veces en la vida solo se tiene un zapato. Es decision de cada quien si estar triste porque te falta uno, o estar contento porque tienes uno. No se puede tener siempre los dos zapatos, y las condiciones nunca van a ser perfectas para llenar todos los aspectos de tu vida, sentimentales, económicos, familiares, y laborales.
Este niño da un gran ejemplo a los adultos, pues el esta feliz, despreocupado, amando la vida, sonriendole a lo que otros verían como un grave problema. Se me quedo grabada la imagen de aquel niño con su pie cenizo, y su zapato desgastado, volteando la cara hacia el sol, con los rayos de luz rebotando en su cabello polvoriento, con aquella inocencia de niño sonriendole a la vida.











































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