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VICTORIA AGONIZANTE

  • 25 nov 2018
  • 5 Min. de lectura

En ocasiones me gusta salir a caminar las calles de Victoria para sentir el pavimento y la tierra bajo mis pies. Es necesario salir y sentir el viento en la cara, observar cada lugar por donde paso con detenimiento. Me doy cuenta que Victoria se encuentra en un abandono parcial. Lejos de haber tenido un avance en los últimos 30 años, esta capital ha tenido un retroceso, se ve en las calles, se percibe en el aire que se respira, se comprueba cuando ves a la gente abordo del transporte publico con la mirada perdida y llena de preocupación. La economía esta muy mal en Victoria, los empresarios se la ven difícil para salir adelante con las nominas, los seguros, los aguinaldos, y los gastos diarios que requiere un negocio para mantenerse a flote. Decenas de comercios han cerrado ante las extorsiones de la delincuencia organizada. Empresarios del transporte publico son constantemente extorsionados, viéndose en la necesidad de aumentar el costo de su pésimo servicio. La gente tiene miedo a emprender un negocio por la misma razón, prefieren evitar problemas. Los inversionistas difícilmente se animan a meter sus capitales a Victoria, ya que no hay quien garantice certeza para sus inversiones.

Hoy vi locales vacíos en avenidas principales. Un hotel en el "Ocho" en total abandono. ¿Cuantos cientos de millones valdrá esa propiedad? Examine una calle donde antes habitaban los mas ricos de la ciudad, cuando Victoria emergía como una ciudad llena de oportunidades. En ella aun se pueden apreciar faustosas residencias de mas de dos o tres mil, y hasta cinco mil metros cuadrados con imponentes bardas, majestuosas fachadas, y los acabados mas finos que existían en aquella época, hoy lucen grietas a causa del abandono. Queda poca gente ahí, uno que otro político corrupto y algunas familias poderosas. Sin embargo muchas residencias se encuentran en abandono, y se observan letreros de venta con números telefónicos con lada de Estados Unidos. ¿Esta tan mal la ciudad como para abandonar mansiones e inversiones millonarias y largarse a radicar en otro estado, o en otro país? Sin duda Ciudad Victoria esta mal, muy mal.

Las pegasones de cemento blanco embarrado en las paredes de negocios y casas particulares para tapar el impacto de las balas reviven los sucesos trágicos que han ocurrido en esta capital. Ciudad Victoria ha pasado por una guerra infernal que aun no termina, ni terminara. La muerte acecha a los mas pobres, pero también a los mas ricos y hasta a los de clase media. La guadaña no discrimina a nadie, su filo se desliza entre la piel de ricos, pobres, malos y buenos por igual. Todos corremos riesgo en esta ciudad donde el mismo diablo danzante goza bailar sobre los charcos de sangre y lagrimas.

¿Que le paso a esta ciudad amable? Pudieron mas las tinieblas que los destellos de luz. El Miedo, La Pobreza y la incertidumbre son habitantes permanentes en Victoria. La gente de las colonias caminan entre los escombros, con la visión de salir a flote un día a la vez, poner comida en la mesa para sus hijos, tener unas monedas para el camión, completar el jabón en polvo con centavos para lavar la ropa, levantarse de madrugada para llenar las cubetas de agua, completar cincuenta pesos para el gas, y siete pesos para un fideo con sabor a consome de pollo pero sin pollo. Las familias mas afortunadas de las zonas altas de la ciudad, algunas cuentan con su vehículo propio que varia desde un Cavalier modelo 87, un New Yorker modelo 92, o un Spirit 95 que hace milagros subiendo pendientes escarpadas que ni vehículos 4x4 podrían escalar, pero que la destreza, y la practica constante de la mano con la necesidad y la falta de opciones obligan a la gente a conducir por esos caminos para llegar a sus hogares. En las escuelas los maestros observan a los niños con sus piernitas picoteadas, llenas de pequeñas heridas abiertas debido a los constantes piquetes de zancudos que sufren en las noches ante la falta de un aire acondicionado, o un abanico en las noches calurosas de mas de 35 y hasta 45 grados centigrados. Los rostros de los niños y niñas revelan pequeñas manchas que son indicio de anemia por una escasa alimentación. Afortunadamente los pequeños parecen acostumbrarse a todo tipo de sufrimiento, pues no conocen vida mejor y en realidad no tienen opción, su inocencia los hace sonreír.

La prostitución es un oficio habitual entre las mujeres que habitan las zonas rezagadas de Ciudad Victoria, Tamaulipas. Ante la falta de oportunidades, muchas jovencitas y señoras se ven obligadas a utilizar su cuerpo como su única fuente de ingresos. Para los varones jóvenes que viven en pobreza, hay una tierra de falsas promesas en el mundo de la delincuencia, que siempre tiene vacantes para todo aquel que no tiene nada que perder, victimas del sistema que vienen a cobrar mas victimas jalando el gatillo con la esperanza de una vida mejor para los suyos, que casi siempre termina en tragedia.

Las historias de esas personas nadie las escribe, y nadie las sabe, porque a la gente de clase media y alta les gusta aislar a la gente pobre en los lugares mas recónditos de la sociedad, donde no los puedan ver ni escuchar. La exclusión social es algo normal en Ciudad Victoria, donde la gente que habita en sectores marginados no tiene acceso a la educación, ni a los servicios públicos del gobierno, ni tampoco a servicios de salud. Para los gobierno es mas fácil cegarse ante la situacion vulnerable que sufren estas personas, que hacerles frente.

Pero no todo esta perdido. Hoy observe un majestuoso árbol, frondoso y robusto, de unos 15 metros de alto que se impone ante toda adversidad. Sus raíces impetuosas unieron fuerzas y han logrado levantar el pesado concreto de la banqueta que lo mantenía prisionero, destrozándola por completo y liberando asi todo su potencial. Al igual que ese árbol, la gente de Victoria se encuentra unida y dispuesta a romper las cadenas que condenan a la ciudad y la mantienen cautiva. La gente ya abrió los ojos ante la necesidad de los demás y están hoy mas que nunca dispuestos a ayudar al prójimo. La gente sale de sus casas dispuesta a quitarse la chamarra para darsela a una persona que la necesita. Los Victorenses demuestran su valía cuando se unen para arropar a una pareja de ancianos que han sido azotados por la pobreza y la miseria. Los Victorenses revelan su fortaleza al sumar fuerzas para recoger a un perro moribundo y salvarle la vida con sus propios medios. Hoy mas que nunca la gente de Victoria obliga a los gobiernos a ser mas sensibles y efectivos. Los gobernantes se ven obligados a voltear a ver a los desdichados y darles la mano.

Aun no he perdido la fe en esta ciudad, porque su gente es extraordinaria.

Autor de nada


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